Es triste cuando después de haber conocido el amor incomparable de Dios, decidimos regresar a ese pozo cenagoso.
A veces se nos olvida que somos peregrinos en este mundo, que nuestra ciudadanía no es terrenal sino celestial. (Filipenses 3:20) Se supone que cuando permitimos que Jesús entrara en nuestro corazón renunciamos a nuestra